sábado, 5 de diciembre de 2009

Cortinas

A veces
siento
que las cortinas
separan una vida de otra vida

Que soy uno aquí
entre tu retrato y las hojas
angustiadas
de mis libros
entre el polvo que al rayo del sol se estremece
y esa sombra conocida
que duerme en mi almohada

Uno que siente y que se culpa
que sueña
sueños vanos
y al que los lápices conocen
casi desnudo

Uno tan distinto
al otro tras cortinas

Uno que juega a las escondidas
con la muerte
sin morirse de miedo

Y se ríe
y se ríe
y se ríe


Sigfrido Quiróz

sábado, 7 de noviembre de 2009

Camino verde



Ay
que me desvanezco
que te estás desvaneciendo

caminando lento
mirando viejo
huyendo nuevo

Ay
que me desaparezco
que estás desapareciendo

mirando lejos
como cuando miro
mirando adentro

Ay
que me derrito
que te estás derritiendo

me quemo manos
me quema el alma
me quema el alba

Ay
que ya te busco
que nos estamos encontrando

camino verde
verde camino
y otro destino



Sigfrido Quiróz

sábado, 23 de mayo de 2009

Carta del Exilio




Es esta esquina
que me recuerda otra
que existe acá
adentro,
en mis entrañas

Es este farol
pero también es otro
que habita 
ese ajeno país de la memoria

Es ese olvido
con que me olvidan las baldosas
de un patio
resbaloso de recuerdos

Es todo eso lo que lastima
lo que duele en un lugar adonde nada duele
adonde nada consuela
adonde casi nada vive

Yo no quiero mirar esta luna
que me mira con otros ojos
no quiero que me vea el gesto
que vos me conocés,
ese
de casi lágrima

Dejame nomás
que se me apague la sombra
con la luz nocturna de otra noche,
la de Barracas, 
que si debo morir
viviendo
quiero elegir el modo

Es que
¡Es esta esquina!
y también es otra que existe acá
afuera
en mis entrañas



Sigfrido Quiróz

martes, 12 de mayo de 2009

Nightmare




I never have known
Who I’m,
When I mustn´t fall down
I

Dicen que la sangre en mis manos
no existe
Que la vida tiene caminos claros
y atajos
Que entre el follaje no es tu nombre
el susurrado
Que la oscuridad decae; mañana.

¡Ay de mis pies que no caminan,
de las puertas que no cierran
y de mi alma enterrada!

En la hora atroz de la vigilia,
tu fantasma me atormenta

Huir.
Huir de nuevo.
Huir lejos.

Congelar el corazón para que no sienta
clavar las uñas hasta que la sangre
me invada
Soplar sin que las nubes se disipen
y sin evitar
el ojo del huracán.

No lograré escapar
de mi celda.

¡Oh Dios, desencadena mis oídos!
¡el silencio y su canto!
¡Su canto y lo inescrutable!
II
El niño saltarín
de la casa que se incendia
baila entre las llamas
cumpliendo su sentencia.

La niña que te espera
mirando tras la reja
la niña que te mira
la niña es una ciega.

La anciana cuya mano
te pasa por la frente
la anciana es un cadáver
la anciana no te siente.

Los niños que te cantan
riendo atolondrados
se manchan con la sangre
que sale de tus manos.

Las hojas que se caen
y pudren lo que tocan
a todo lo que es verde
gusano lo transforman.

III

Dicen que el pequeño hombre vendado
no me mira
Que mi vuelo de escape desesperado
nunca despega
Que el negro pozo donde caigo
no tiene fondo

¡Déjame gritar!
¡Libera mi habla!
Lenguas de fuego somnolientas son mis lágrimas
quemantes,
sobre surcos antiguos
de dolor.

Sé que la oscuridad me espera, mañana
Que voy hacia ti, inexorable,
cada noche
Que mis pisadas solo siguen la huella
prefijada

Solo quiero evadirme
Evitar la angustia y la desesperación.
Encontrarme al fin, sorprendido,
despierto.

Sigfrido Quiróz

jueves, 30 de abril de 2009

Fuga de campo adentro

Escuchando una fuga de Bach, se me ocurrió.... ¿Por qué no podría ser telúrica? ¿Y por qué no podría ser poesía?  Acá va el intento, modesto por cierto.




Fuga de campo adentro

(Para guitarra y penas)


No se crean que canto por el gusto, 
¡Si me duele bien adentro cuando canto!
Es que llevo un llanto bien adentro
y parece que río, pero es llanto.

Las cuerdas se me mezclan con las penas,
y el llanto con la risa se me mezcla,
y es un llanto aunque parezca risa, 
y es risa aunque llanto se parezca.

No se crean que canto por el gusto,
¡Si me duele bien adentro cuando canto!

Y si canto aliviando mis pesares
a algún otro mi canto va aliviando
Si de otro llorando voy su canto
son mis penas que se van llorando

Las cuerdas se me mezclan con las penas,
¡Si me duele bien adentro cuando canto!



Nunca supe
si mi canto
es mi grito
o tu llanto

Mis entrañas
se retuercen
y tus ojos
se envejecen

Caminito
de tu casa
mis pisadas
se adelgazan

Tu mirada
se imagina
cuando doblo 
esa esquina

Tu ventana:
azucenas
y mi reja:
sólo penas

Tus ojitos
se me escapan
tu sonrisa
te delata

Niña hermosa
de mis sueños
sólo quiero
ser tu dueño



No se crean que escribo por el gusto
es de sangre mi palabra cuando escribo
son mi único destino las palabras
y es la sangre, derramada, mi destino.

¡Que se creen que canto, pero es llanto
y la herida es palabra, cuando sangra!


Sigfrido Quiróz

viernes, 3 de abril de 2009

Elogio de la incoherencia


Recuerdo que cuando era niño en el colegio nos machacaban con los próceres y su carácter: siempre fueron incorruptibles, siempre fueron inteligentes, siempre fueron honestos, nunca se equivocaron, excepto unos pocos que eran señalados perspicazmente. ¡Ah! Y eran todos de lo más machitos, nada de mariconadas ni dudas.
Uno crece con eso y cualquier inconveniente que se presenta en la vida no es mas que un obstáculo a vencer, algo que a uno lo hace crecer y ser "mejor" (como los próceres).


Uno se casa, tiene hijos, tiene un trabajo estable, una casa, un auto, una familia. Uno se va de vacaciones, tiene que pagar cuentas e impuestos. Los padres de uno lo visitan un poco por afecto y otro poco por supervisar el "normal" funcionamiento de la familia. (Prueben alterar ligeramente el orden a ver si no reciben el apercibimiento).

Uno se cansa.

De repente (dicen los sicólogos que no tan "de repente") se descubre que el mundo seguro que uno construye no es tan seguro ni es tan mundo. Apenas una islita, y volcánica encima... y con el volcán erupcionando encima. Claro, uno se empieza a dar cuenta que somos todos islitas y que no es tan fácil ir en bote a la islita de otros. No es que a uno le guste el turismo, sino que la lava le empieza a quemar los los cuartos traseros y la islita de al lado siempre parece más fresca y verde.

Uno se da cuenta que está solo.

Y comienzan las crisis, que "para algo están" pero yo prefiriría que no, que no estuvieran ni para algo. Uno se replantea la carrera, el matrimonio, la religión, el trabajo. Se replantea todo y ni sé bien para qué. Parecemos un poco chirolitas del destino, manejados por hilos invisibles (que con los años se vuelven re-visibles) y lo peor es que uno busca consuelos filosóficos. "Es que en realidad todo esto no es lo que yo quería, parece que estoy mal, pero en realidad estoy mucho mejor que antes, porque ése no era yo. Yo no era eh. No era yo. Era otro, no yo, No era, no era, no era." un eco extraño, un mantra interior, logra convencernos de que estamos en lo mejor de nuestra vida, en el Aconcagua de la realizacion, en el Everest de la plenitud.

Entonces llega la hora de dormir.

¡También! A qué dios, a cual azarosa selección natural se le ocurrió que uno tenía que estar despierto justo antes de dormirse... ¡y pensando! Maldigo a Darwin porque no me animaría a hacerlo con dios, uno nunca sabe (De paso, a los creacionistas, les acabo de encontrar un interesante uso para el descubridor de la evolución: objeto de maldiciones; que siempre es bueno tener a mano un destinatario de odio) ¿En qué estaba? Ah, si. Esos minutos antes de dormirse suelen ser la fuente de casi todos los problemas del ser humano. Eso que llaman "super yo" y que yo llamo "los encarajinados mamá, papá... y los próceres" tiene su minuto de gloria diaria haciéndonos sentir de lo peor. Claro, ellos nunca dudaron: siempre estuvieron en el mismo renglón del libro de historia, los próceres digo; los padres sí dudaron, pero siempre lo negaron y lo siguen haciendo (¿Nunca probaron recordarles alguna cosa mala? es muy probable que reciban por respuesta "¡Pero si yo nunca hice/dije eso! Este chico, siempre inventando cosas!" y uno queda como un salame delante de los propios hijos que, de paso, graban en el disco duro el esquemita que repetirán).

Y uno se levanta mal dormido.

No hay forma de tener un buen día si uno tuvo una mala noche. Es más, he hecho un descubrimiento trascendental: si uno tiene muchas malas noches, tiene muchos malos dias y la suma de muchos malos dias, hace una mala época. ¿Do you understand? ¿Cazaron? ¿Lo tienen?:
No hay malas épocas, lo que hay son muchas noches mal dormidas. Entonces, más allá de crisis y desestabilizaciones, de "idishe mames" y mandatos...

El secreto está en dormir bien.

Por eso he dormido bien antes de escribir esta nota. Claro que por alguna extraña razón ahora que la releo parece escrita por el endemoniado Gadareno, con todos sus demonios y los cerdos mientras se despeñaban hacia el mar. Debo decir, para sorpresa de ustedes, que a mi no me sorprende para nada. La coherencia es una casualidad, un error en el cosmos, un celular con buena señal... En fin, algo extraño y exótico y yo, que no pretendo romper leyes impuestas por la costumbre, que soy un revolucionario pero de lo más convencionalista, sigo siendo incoherente. Que a nadie se le ocurra pensar que es un buen método para disimular mi medianía ¡Que va, si jamás se me ha ocurrido eso!

Y que nadie diga nunca que tengo algo para decir.

He dicho.



Sigfrido Quiróz


miércoles, 1 de abril de 2009

In Memorian



Este marzo ha sido algo triste.  Hace unos días recordaba el 24 de marzo de 1976, a mi madre y al golpe.  Y hoy, con poca sorpresa, recuerdo otro dia, 7 años después del anterior.
Fue el día que Raúl Alfonsín asumió la presidencia.  Esa noche, en el obelisco, se reunió una multitud de gente.  Una orquesta tocaba tango, la gente lo bailaba en la calle.  En otra esquina había algunos tocando folclore y gente danzando una zamba.  Yo me uní a un grupo de chicos, creo que eran del PI a cantar no sé qué canción de Alfonsín. ¡Qué importaba! Todos estábamos muy felices y la alegría nos hermanaba.  Toda la gente saludaba y se abrazaba.
Fue un día de alegría intensa.  Sin duda, el día más feliz de la democracia en estos 25 años.

Dias antes había viajado a 300Km de Buenos Aires para votar por primera vez.  Estaba emocionado.  Al bajar esa tarde de la oficina, en la Avda. 9 de Julio, me recibieron una multitud de chicas muy bonitas con boina roja y faldas mínimas.  A diferencia de la vez anterior, no me sentí "arreado", apenas me dieron unos papeles, no recuerdo bien qué decían distraído como estaba.  Se preparaba una marcha que me enteré al dia siguiente congregó muchísima gente: Alfonsín daba su último discurso antes de la elección.  Y también había "algo" en el ambiente.

La dictadura se caía a pedazos y muy sorpresivamente surgía una voz diferente e inesperada. Una voz que hablaba de Constitución, legalidad, derechos humanos y que se oía firme, certera y segura. Era el doctor Raúl Alfonsín, que había ganado la elección interna del radicalismo.  Meses antes todos descontaban el triunfo del peronismo.  No era algo de lo que se podía dudar.  Pero esa voz y esas palabras fueron aire fresco.  Fueron esperanza.
Yo estrené mi voto con él.

Sé que se equivocó en muchas cosas, pero a la distancia sólo recuerdo a un hombre cabal. Alguien que podía caminar por la calle sin verguenza y que no podía malgastar mucho dinero porque sencillamente no lo tenía.  Eso debería ser común, pero no lo es.
Fue valiente y "cojonudo".  Me causan gracia las bravuconadas de hoy hacia los militares, que están viejos y sin poder.  En ese momento había que ser muy hombre para plantárseles como él lo hizo: desde el coraje pero también desde la legalidad.  Esa fue su mayor lección y fue tan intensa que hoy olvido sus desaciertos.
La otra lección fue la paz.  Luego de años de desencuentros con Chile y casi una guerra, él terminó el conflicto del Beagle y comenzó un proceso que terminó con todos los conflictos limítrofes con Chile y que nos colocó como un país "pacífico".  ¡Vaya buen título para un país que había sido una de las potencias ocupantes en la guerra de la Triple Alianza y había apoyado hipócritamente a los nazis en la segunda guerra!
Es fueron lecciones que dió a toda una sociedad, con hechos y la sociedad las escuchó.  Años después, ante un "planteo" militar, la gente le respondió saliendo toda a la calle.  Salieron los padres y los hijos, las madres y las hijas, los abuelos y los nietos.  Todos habiamos aprendido y seguíamos al líder.  Queriamos y queremos paz.  Queriamos y queremos democracia.
Gracias, entre otras cosas y otras personas, a este SEÑOR, don Raul Alfonsín.

Sigfrido Quiróz



martes, 24 de marzo de 2009

24 de marzo de 1976

Dicen que tengo lo que se llama "memoria visual". Para aprender siempre tuve que usar distintas letras, resaltadores, subrayados, círculos; hasta el día de hoy recuerdo algunas hojas de la secundaria. Pero para lo que es "días" o "hechos" tengo una memoria muy frágil.
Sin embargo, recuerdo lúcidamente el 24 de marzo de 1976.
Yo tenía 16 años y trabajaba fabricando calzado. Entre mi madre, que había conseguido (al fin) un buen trabajo y yo, habíamos logrado estabilizar bastante bien nuestra inestable, económicamente hablando, familia: ella, mis dos hermanos menores y yo. Atrás habían quedado los días en que me rateaba demasiado seguido del colegio para ir a marchas y diversas actividades políticas. El país todo era un hervidero y yo, siempre tan rebelde y siempre tan contestatario, no iba a quedarme sentado en mi casa a ver cómo pasaba la historia. Fueron tantos y tan persistentes sus ruegos que al final fui dejando todo eso, incluido el colegio, para ponerme a trabajar para salir adelante. Ella me había convencido de acercame más a la iglesia, y le hice caso.
Creo que para ella fue un alivio. Algunos de mis conocidos se escondieron o no estaban más, no se sabía. Siempre dije que en alguna de esas marchas, la vida me dió un guiño: por defender a la chica con la que había ido (esa era el método que usaban para "arrearnos") me agarré primero a empujones y después de quitarle la macana al policía, la emprendì raudo contra él hasta que ella logró salir corriendo y yo atrás de ella... Ese día varios quedaron detenidos y sobre todo FICHADOS, pero yo no. Supongo que no figurar en ninguna lista fue lo que hizo que la historia fuera distinta a la de algunos de mis compañeros.
Obviamente nunca fui peronista, a pesar de estar rodeado de ellos. Acompañé a la vieja a despedir al "general" cuando murió. Fue algo impresionante. Había tristeza en la cara de todos, era conmovedor. A partir de ese día, todo se precipitó y fue entonces cuando ella me empezó a empujar afuera de mis hábitos cotidianos.
Por aquellos años, todos sabían cuándo se acercaba un golpe. Había caras, gestos, susurros en toda la gente del barrio que daban por sobreentendido lo que iba a pasar. Pobres ellos y sus premoniciones. Pobres todos nosotros y nuestras esperanzas.
Ese día, a las 5 de la mañana escuché medio dormido que en el comedor estaba la radio encendida en Radio Colonia (Era la que se escuchaba cuando se quería saber qué pasaba realmente) y la conocida voz con el conocido tono. Mi mamá vino a la cama y me dijo "hoy no vas a trabajar, llegó el golpe, mejor quedate a ver cómo sigue todo". Me levanté y tomé unos mates con ella mientras escuchábamos la radio y el "Comunicado nro 1 de la Junta Militar"...
Mi vieja, lo recuerdo con una claridad que me asusta, me acarició la cabeza y me abrazó.
Yo que sabía.
Hoy, tan lejos y tan cerca, esa caricia tiene una significación dulcísima y atroz a la vez. Pocos meses después ella moriría por un accidente y mi vida entraría en una vorágine alucinadora. Y el único momento que recuerdo así, tan claro, es ese. Siempre lo tomé como el comienzo de un precipicio, como el sueño que antecede a la pesadilla.
Yo no sabía.
Y éramos muchos los que no sabíamos qué estaba pasando, lo monstruoso que se gestaba alrededor, y sin duda muchos aprendimos desde entonces a desconfiar. Hoy leo los diarios, miro los noticieros... pero ya no creo todo tan inocentemente.
Tal vez el gran golpe no fue derrocar un gobierno constitucional, sino abolir de una vez y para siempre, nuestra inocencia.

Sigfrido Quiróz

jueves, 26 de febrero de 2009

Ahora es




A Christian Gabriel
Ahora es
el momento cierto
la saeta que decae

El instante aquel
escurridizo
burlesco
que cada uno persigue
(hasta los que no persiguen nada)

De cara al vacío
como una gota
un manantial
un arroyuelo
un riacho
y su cascada

La hora
en que los sueños
y las pesadillas
mutan

La hora
del oráculo y el filo de la espada
cuando hasta las nubes
se miran
expectantes
y Gedeón detiene el sol

Cuando el tiempo no es tiempo
y las cosas no son cosas

Una sustancia azul
llega
y estalla en mil colores


Sólo está el vientre brillando

Y tú

Y tu grito
primero y ancestral,
hijo


Sigfrido Quiróz




sábado, 14 de febrero de 2009

Hay días



Hay días
que transcurren en círculos

Existe una mitologia moderna
en la que uno se queda solo con su cuerpo
esperando una lluvia que lo reanime
También existe
el paradigma del agobio
una especie de prisión donde uno se condena
a la felicidad y descubre
tarde
que "eso" NO ES

Hay que saber el lugar exacto de la herida
conocer su profundidad
contar su extensión

No se puede amar
sin antes saber

uno tolera casi cualquier enfermedad
que no sea el ignorar

Estoy seguro
que existe un límite

una capacidad

un cuenco adecuado para el dolor
y para el silencio

No te engañes
no olvides
que no existe una atadura
ni nudo alguno
ni alguna reja
que resista la voluntad innegociable de sobrevivir

 Después de todo

hemos estado muriendo tantos años
que ya sabemos el secreto


Y no hay muerte que te alcance

cuando es uno el que acecha


Sigfrido Quiróz

jueves, 5 de febrero de 2009

Las Causas


No sé bien por qué tengo la necesidad de escribir. Y digo necesidad con pasión y menosprecio, con una mezcla casi absurda de amor y de odio, de atracción y repulsión, de certeza y duda, de racionalidad y misticismo.
Recuerdo bien que fue en cuarto grado cuando escribí, por primera vez, algo que consideré "potable", y seguramente fue en octubre, porque era sobre el día de la madre. Uno de esos días, mirando mis cuadernos, ella encontró el poema y no pudo contener las lágrimas. Esa fue una de las escasas ocasiones en que la vi llorar y es que esos momentos eran una flor en el pantano que era nuestra vida en esa época. Conservé esa misma hoja por años, y no sé cuando se me perdió. Es de las tantas cosas que he ido dejando en el camino, como un recordatorio permanente de que estoy sólo de paso, que no debo llevar equipaje. Yo me resisto a ese destino y la vida, dictatorialmente, me quita, sencillamente, mis bártulos como si fueran nada. Y tal vez lo sean.

Desde entonces ha habido Oasis y Desiertos, Cielos e Infiernos entre la pluma y yo. Eso no me sorprende, es así en muchos aspectos de la vida. El problema es que jamás he sabido, hasta después de un tiempo, si estaba en el Oasis o en el Desierto, en el Cielo o el Infierno. El dolor, la soledad, la esperanza, el orgullo, la pasión y la ausencia me han acompañado en momentos iguales y en momentos distintos. Quizás sea porque no hay ni Cielo ni Infierno, ni Oasis ni Desierto y es todo, en realidad, un gran espejismo, un gran escenario de actores que improvisan un papel del cual no saben nada y un director al que todos dicen conocer o desconocer íntimamente, pero que tal vez esté ausente (Al menos eso surge, a veces, del guión).

Alguna vez pensé que quizás fuera una bendición tener una manera de evaluar mis contradicciones a través de la escritura (que tal vez no sean diferentes a las de todos los humanos, pero sin duda son más reales al nombrarlas). Pero ahora desconfío en lo que pensaba entonces. Me inclino a creer que es muy doloroso "saber", “darse cuenta”. La ignorancia es un regalo divino que le permite al hombre sobrevivir. Seguramente soy un gran ignorante de cosas que ni siquiera sospecho que ignoro. Y por eso sobrevivo.

Si esta pequeñísima lucidez es a veces tan dolorosa, debo admirar a aquellos que han tenido resplandores superiores y los han sabido manejar. Aunque ¿Quién puede juzgar esto? Verlaine y Rimbaud sonreirían, cómplices, ante mi inocencia. De la misma forma que el sexo se plantea como instinto para preservar a la especie, esta lucidez se plantea ineludible al que la tiene: Es como caerse un pozo profundo y oscuro. Sólo se puede acomodar el cuerpo, sin poder detenerse, sin saber cuánto falta para el fondo ni cuan doloroso será el golpe. Y si bien es probable que nunca se llegue al final, es tal la angustia de caer, que uno anhela llegar aunque eso signifique el fin. Ante tales expectativas, ¿De qué otro modo aceptarían los hombres esta responsabilidad si no les fuera impuesta? Quizás los dioses han cometido errores, pero la ingenuidad no es uno de ellos, ese lo reservan a los humanos. Son entendibles entonces las tendencias suicidas, han pasado por mi mente muchas veces, y sólo la fe y mis hijos las han ahuyentado.

¿Tiene sentido todo esto? ¿Vale la pena consumir la vida buscando justamente su sentido? ¿Es, en algún aspecto, valioso gastar horas de sueño buscando algo inasible? ¿A alguien le importará? ¿Le será útil a alguien?

Queremos explicarnos porque intuimos que somos explicables. En lo más profundo de nuestro ser, algo nos grita una pregunta que no podemos escuchar. Y ese vacío, esa frustración, esa desesperación, nos persigue en cada paso de nuestra vida. Indagamos y buscamos. Cambiamos y aprendemos. Caemos y nos levantamos. Todo en la esperanza de que algo, tal vez fortuito o tal vez planeado desde épocas incontables, abrirá una puerta desconocida y nuestros ojos verán
y se harán las preguntas adecuadas.

Esa puerta. Esa visión. Esas preguntas. Esas probablemente sean, aunque yo las resista, las causas y el objetivo por los cuales escribo. Por las cuales persisto. Por las cuales pregunto. Por las cuales alguien lee esto y, cómplice, sonríe.


Sigfrido Quiróz

martes, 27 de enero de 2009

Somos el viento


Leyendo el libro de Paul Auster "Pista de despegue", me encontré con unos poemas de Laura Riding, leyendo uno de su libro "The Why of de Wind", se me cruzaron estas palabras, antagonizándola...






Si
somos el viento
somos la piedra cayendo
al abismo

somos la hoja que se lleva
la brisa
sin destino

La pequeña vanidad
de alterar el devenir de las cosas

mantiene el delgado
hilo
que sostiene
nuestra soga


Ignoramos la ley suprema

inescrutable

del azar adyacente que
gobierna al éter
y al polvo

y al átomo sostiene


Gusanos fértiles

habitantes de un segundo
y de un grano de arena
Aferrados a sueños
extensos

como las playas del mundo


Somos sólo el viento

sábado, 10 de enero de 2009

Credo


Yo creo en la flor,
en las noches con estrellas
y en el susurro entre las sombras

Creo en las manos de mis hijos y en el rayo destructor
en tu cabello cinericio y en el dolor
silente que exudan las palabras

En la saeta que derrumba mi soberbia
y en el agua disolviendo la roca
En el grito de los pobres
y en el labio sangrante del que espera

En mi puño apretado
y el pecho latiendo contra el viento

Yo creo, eso estoy diciendo,
en la flor



Sigfrido Quiróz
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