martes 12 de mayo de 2009

Nightmare



I never have known

Who I’m,

When I mustn´t fall down


Dicen que la sangre en mis manos

no existe

Que la vida tiene caminos claros

y atajos

Que entre el follaje no es tu nombre

el susurrado

Que la oscuridad decae; mañana.

 

 

¡Ay de mis pies que no caminan,

de las puertas que no cierran

y de mi alma enterrada!

 

 

En la hora atroz de la vigilia,

tu fantasma me atormenta

Huir. 

Huir de nuevo. 

Huir lejos.

 

 

Congelar el corazón para que no sienta

clavar las uñas hasta que la sangre

me invada

Soplar sin que las nubes se disipen

y sin evitar el ojo del huracán.

 

 

No lograré escapar

de mi celda.

 

 

¡Oh Dios, desencadena mis oídos!

¡el silencio y su canto!

¡Su canto y lo inescrutable!

 

 

 II

  

 

El niño saltarín

de la casa que se incendia

baila entre las llamas

cumpliendo su sentencia.

 

La niña que te espera

mirando tras la reja

la niña que te mira

la niña es una ciega.

 

La anciana cuya mano

te pasa por la frente

la anciana es un cadáver

la anciana no te siente.

 

Los niños que te cantan

riendo atolondrados

se manchan con la sangre

que sale de tus manos.

 

Las hojas que se caen

y pudren lo que tocan

a todo lo que es verde

gusano lo transforman.

 


III

 

Dicen que el pequeño hombre vendado

no me mira

Que mi vuelo de escape desesperado

nunca despega

Que el negro pozo donde caigo

no tiene fondo

 

 

¡Déjame gritar!

¡Libera mi habla!

Lenguas de fuego somnolientas son mis lágrimas

quemantes,

sobre surcos antiguos

de dolor.

 

 

Sé que la oscuridad me espera, mañana

Que voy hacia ti, inexorable, cada noche

Que mis pisadas solo siguen la huella

prefijada

 

 

 

Solo quiero evadirme

Evitar la angustia y la desesperación.

Encontrarme al fin, sorprendido,

despierto.

 


Sigfrido Quiróz