
Tan pálida en el lejano horizonte
hacía una débil esperanza de aurora
tu mirada fue la mañana.
Paul Verlaine
I
¿Dónde estará aquella mujer
que recuerde mis lunares,
y que debajo la ropa
lleve el deseo y la sangre?
¿Dónde estará alborotando
con su aroma los panales,
y trastornando mareas
con la luna de romance?
Caminaré la vereda
invisible de las gentes
oteando sobre cabezas
la suya, resplandeciente
II
¿Dónde, pregunto, adónde?
¿Dónde estará la mujer
que recuerde mis lunares?
Una epidermis de ganas
la nombró desesperada
cuando me levanté
Y mi espejo (pobre espejo)
reflejó su ausencia
y a mí
Aturdido
Trashumante
De ojos adormecidos
Yo sabré como atraerla
en un rito hebdomadario
de cantos y desencantos
domando este silencio
de sombras chinas
y cabestros resecados
y en la quijada un bozal
y en el bozal un caballo
y en el caballo este hombre
y un canto desesperado:
III
Una costubre ancestralun grito desaforadoUn rezo de cuentas negrasen un mar deshabitado¿Dónde estará la mujeraquella que estoy buscando?Esa que llora mi nombreaunque no sabe nombrarloEsa que busco calladoaunque la vivo nombrandoEsa que tiene en el almala marca de mi ganadoEsa que lleva en el pechola llave que abre mi arcanoLa que tiene manos tenuesy un andar acompasadoy que huele a madreselvascuando la estás cabalgandoIV
¿Dónde, repito adonde
estará aquella mujer?
que desde saliendo del vientre
la ando buscando
Sigfrido Quiróz, 2003