lunes, 18 de julio de 2011

Los inmigrantes - Alicia Poderti


I.


Los barcos crecían
hasta tocar la tierra.
Buscaban sus intrépidas geografías.
Encontraban 
ciudades transparentes, 
hurañas soledades,
       distinta lluvia mojando el regazo de otros árboles,
       los arados esperando en cavidades secretas.


Como aquellos,
los primeros viajeros soñadores, 
en la orilla construyeron 
la Gran Cabaña 
que descifrar sus enigmas.


Trocaron sus mapas redondos 
por planos manuscritos 
             surcados de tesoros y leyendas selváticas, 


Cambiaron sus medallas y empuñaduras 
por diccionarios 
repletos de huestes 
     y palabras.


II.


Durmieron a la intemperie,
escuchando los verdes pasos subterráneos,
disfrazando las nuevas constelaciones, 
fundiendo sus rostros  
en el espejo de estos ríos.
Desbordados.


Despertaron 
palpitando el eco de Guamán Poma y Viracocha.
Y vieron pasar las alas enlutadas,
                los cantos devorados,
                    las lágrimas aguerridas de los hombres.
Antiguos.


Se sobresaltaron con el rumor de las flores cortadas,
con un pacto de armaduras milenarias,
con el rito arterial sepultado en la espesura.


Destituidas civilizaciones los observaban
a través de los signos 
tallados en runas y magmas volcánicos.
       
III.


Decidieron que América era el centro del mundo. 


El Lugar.  
Donde volverían a sonar los acordeones, 
las guitarras, 
los tambores de sus antepasados. 


Se poblaban de casas las distancias,
las calles se llenaban de panaderías y de pájaros. 


Pero una vez al año 
se miraban entre sí. 
Recordando 
los bastones de sus abuelos, 
las escalinatas de brumas,
los amores ancestrales 
que engendraran sus culturas.


Sus lenguas 
              dispersas en caminos lejanos. 




IV.


Gritaron 
a viva voz su catarata de recuerdos: 
los bastiones sumergidos, 
las estepas y archipiélagos malheridos.


En los buques 
quedaron sus abanicos, 
sus alcázares, sus castillos, 
sus abedules nevados 
y sus jazmines.


Multiplicando
sus identidades, 
en la oración crepuscular, 
en las navidades, 
en las copas sin latitud, 
en el fuego 
atropellándose en el embarcadero imaginado.

En el baile bajo los faroles incandescentes, 
en los mercados repletos de plumas y pescados, 
de mentas y naranjas, de lechugas y ajíes presurosos, 
                            de quesos  y vinos. 
Relampagueantes.




V.


Ellos nos vieron, 
en la proyección magnetizada del tiempo,
más allá de la muerte, 
de los enigmas generacionales.


Cuando decidieron dilatar sus noches
y enterraron sus monedas, sus cartas 
sus guerras,
los aromas y atavíos de sus parajes.


Dieron vida a los hijos, a los nietos.
Sangres distantes que fluyen,
fruto de la aventura 
                                 (del destierro).


Sangres mediterráneas o costeras,
de sastres, de labriegos, de guerreros, de marinos
que llegaron sin hierro, 
sin hilo, sin costas y sin tierras.  
                               Con pasión y con sueños. 


Con la esperanza.


“Esta es nuestra tierra,
la destellante muralla andina,
donde los reyes muertos viven todavía
donde los hombres de los barcos 
desafiaron su destino.”




Transcribir el currículum de Alicia Poderti es una tarea para probos, así como leerlo y mucho más aceptarlo.  Luego de leer algunos de sus escritos me doy cuenta que su interdisciplinariedad no le va en zaga a la profundidad con que encara cada uno de sus trabajos.  Sólo diré, sin agotar la lista, que ostenta dos profesorados, una licenciatura y dos doctorados.  Ha publicados varios libros entre ensayos y poemarios que junto a innúmeros artículos han sido editados en Argentina, Francia, España, Australia, Israel, Suecia, Estados Unidos, Cuba, Perú, Colombia y México.   Obtuvo varios premios nacionales e internacionales. El poema "Los inmigrantes" forma parte del libro "Primera Herida" publicado por Milor.  Dejo aquí el link a su página web.  

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